PISA 2025: los alumnos españoles se hunden en lectura y matemáticas y España queda por debajo de la OCDE
El informe PISA 2025 vuelve a encender las alarmas sobre el rendimiento educativo en España. Los alumnos españoles retroceden en lectura y matemáticas, se mantienen por debajo de la media de la OCDE en las tres grandes competencias y presentan pocos estudiantes en los niveles de excelencia, aunque el sistema conserva mejores indicadores de equidad que buena parte de los países analizados.
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PISA no mide exactamente lo que los alumnos han aprendido en clase ni pretende comprobar si dominan el currículo de cada país. Su objetivo es distinto: evaluar hasta qué punto los estudiantes de alrededor de 15 años son capaces de utilizar lo que saben para resolver problemas, interpretar información, razonar y enfrentarse a situaciones que pueden encontrarse fuera del aula. Esa diferencia es importante para entender por qué sus resultados tienen tanta repercusión. No se trata solo de comprobar conocimientos, sino de valorar hasta qué punto un sistema educativo consigue convertirlos en competencias que puedan utilizarse en la vida real. La edición de 2025 es la novena del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, coordinado por la OCDE, y ha contado con más de 760.000 alumnos de 91 países y economías, representativos de unos 33 millones de jóvenes.
España participa en PISA desde su primera edición, en el año 2000. En esta ocasión realizaron las pruebas 29.967 estudiantes de 956 centros educativos, una muestra que representa aproximadamente a 459.800 jóvenes españoles y al 88% de la población de esa edad. Cada estudiante realizó una prueba de unas dos horas en dos áreas diferentes y posteriormente respondió a un cuestionario de contexto de unos 35 minutos sobre su entorno familiar, sus actitudes, sus hábitos y su experiencia educativa. Los directores de los centros respondieron, además, a preguntas relacionadas con la organización escolar, los recursos disponibles y el entorno de aprendizaje.
PISA cambia en cada edición la competencia que analiza con mayor profundidad. En 2025 ha sido ciencias, mientras que matemáticas y lectura se han evaluado como áreas secundarias. La edición incorpora además el aprendizaje en el mundo digital y la resolución computacional de problemas, y por primera vez incluye una evaluación internacional de una lengua extranjera. España participa también en esta última prueba, centrada en inglés, aunque sus resultados no se publicarán hasta 2027. El Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), dependiente del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, es el organismo responsable de PISA en España.
Los resultados sitúan a España por debajo de la media de los países de la OCDE en las tres competencias tradicionales. En ciencias obtiene 477 puntos frente a los 482 de la OCDE; en lectura, 451 frente a 461; y en matemáticas, 457 frente a 463. También queda por debajo del promedio de la Unión Europea, que alcanza 481 puntos en ciencias, 459 en lectura y 463 en matemáticas. La diferencia es especialmente visible en comprensión lectora, donde España se encuentra diez puntos por debajo del promedio de la OCDE.
La comparación con la edición anterior permite apreciar mejor la evolución. En PISA 2022 España obtuvo 485 puntos en ciencias, 474 en lectura y 473 en matemáticas. En términos nominales, por tanto, son ocho puntos menos en ciencias, 23 menos en lectura y 16 menos en matemáticas. Conviene introducir aquí una precisión importante: la OCDE considera estadísticamente inferiores a 2022 los resultados españoles de matemáticas y lectura, mientras que califica el resultado de ciencias como aproximadamente equivalente al de aquella edición. Esto evita convertir cualquier variación de puntuación en una diferencia significativa cuando el propio diseño muestral de PISA obliga a trabajar con márgenes de incertidumbre.
La perspectiva de largo plazo tampoco resulta favorable. La OCDE señala expresamente que los resultados españoles de 2025 están por debajo de los obtenidos en PISA 2015 y se encuentran entre los más bajos observados históricamente en España en las tres materias. Desde 2015 ha aumentado en once puntos porcentuales la proporción de estudiantes que no alcanza el nivel básico de competencia en matemáticas, en quince puntos en lectura y en seis puntos en ciencias. No estamos, por tanto, únicamente ante la comparación entre dos fotografías tomadas con tres años de diferencia, sino ante una evolución que se extiende durante un periodo considerablemente mayor.
España no constituye, sin embargo, una excepción dentro del panorama internacional. PISA 2025 registra los niveles medios más bajos observados hasta ahora en el conjunto de la OCDE en ciencias, matemáticas y lectura. Entre 2015 y 2025 la puntuación media de los países de la organización disminuyó 22 puntos en matemáticas y 28 puntos en lectura. Esta última competencia es precisamente la que presenta el deterioro internacional más acusado. La OCDE advierte además de una reducción de capacidades relacionadas con evaluar información, establecer conexiones entre distintas fuentes y analizar críticamente lo leído, habilidades que adquieren una importancia especial en un entorno en el que una parte creciente de la información es producida, seleccionada o resumida mediante herramientas digitales e inteligencia artificial.
El promedio nacional tampoco explica por sí solo cómo está distribuido el rendimiento. En ciencias, el 76% de los alumnos españoles alcanza al menos el nivel 2, considerado por PISA el umbral básico de competencia, frente al 74% de la OCDE. En matemáticas lo consigue el 67%, frente al 65% de la OCDE, mientras que en lectura España registra un 68%, un punto menos que el promedio internacional. El sistema educativo español consigue, por tanto, mantener una proporción relativamente elevada de estudiantes por encima del nivel mínimo en ciencias y matemáticas. La situación cambia cuando se observa la excelencia: únicamente el 4% alcanza los niveles 5 o 6 en ciencias, frente al 7% de la OCDE; otro 4% lo hace en matemáticas, frente al 8%; y en lectura apenas llega al 2%, mientras que la media de la OCDE es del 6%.
Este contraste es una de las características relevantes del sistema español que muestra PISA. España consigue contener relativamente bien el porcentaje de estudiantes que queda por debajo del umbral mínimo, pero genera menos alumnos de rendimiento elevado. También presenta mejores indicadores de equidad que otros países. En ciencias, la diferencia entre el 25% de estudiantes con mayor nivel socioeconómico y el 25% más desfavorecido es de 71 puntos, frente a los 85 puntos de media en la OCDE. El origen económico, social y cultural explica aproximadamente el 9% de la variación del rendimiento en España, mientras que en la OCDE representa el 12%. Además, el 13% de los estudiantes españoles socioeconómicamente desfavorecidos consigue situarse entre el 25% con mejores resultados de su propio país, ligeramente por encima del 12% registrado como media internacional.
PISA permite también entrar en aspectos que normalmente quedan fuera de una clasificación basada exclusivamente en puntos. El 68% de los alumnos españoles afirma que aumenta su esfuerzo cuando una tarea se vuelve difícil, frente al 60% de la OCDE, y solo el 18% considera que la escuela ha sido una pérdida de tiempo, frente al 24% del promedio internacional. Al mismo tiempo, estos indicadores han empeorado ligeramente desde 2022: el porcentaje de estudiantes que afirma sentir curiosidad por muchas cosas se ha reducido 3,2 puntos porcentuales y el de quienes incrementan su esfuerzo ante las dificultades ha bajado 3,3 puntos. La OCDE encuentra además una asociación positiva entre curiosidad, perseverancia, valoración de la escuela y rendimiento académico.
Hay otros datos del entorno escolar que merecen atención. El 49% de los estudiantes españoles está escolarizado en centros cuyos directores consideran que la enseñanza se ve dificultada, al menos en cierta medida, por falta de profesorado, frente al 39% de la OCDE. En 2022 ese porcentaje era del 41%. La diferencia es todavía mayor en personal de apoyo: afecta al 72% del alumnado español frente al 39% del promedio internacional. También aumenta la percepción de problemas relacionados con recursos materiales e infraestructuras. El 26% de los alumnos pertenece a centros cuyos responsables señalan carencias de material educativo que afectan a la enseñanza, frente al 20% registrado tres años antes, y el porcentaje relacionado con deficiencias en edificios, instalaciones, iluminación, climatización u otros elementos físicos pasa del 34% al 44%.
El informe de 2025 incorpora además una fotografía especialmente interesante de la relación entre educación y tecnología. Los estudiantes españoles utilizan dispositivos digitales en el centro una media de 1,4 horas diarias para actividades de aprendizaje y otras 0,7 horas para actividades de ocio. El 29% asegura que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos durante la mayoría o todas las clases de ciencias. En España, quienes declaran este tipo de distracciones obtienen 16 puntos menos en ciencias, una diferencia superior a los once puntos observados en el conjunto de la OCDE una vez tenido en cuenta el perfil socioeconómico de estudiantes y centros. Al mismo tiempo, el 86% de los alumnos españoles estudia ya en centros en los que no se permite utilizar el teléfono móvil en sus instalaciones, frente al 49% de la OCDE. En 2022 la proporción española era del 67%.
La inteligencia artificial aparece por primera vez con un peso relevante dentro de esa realidad educativa. El 54% de los estudiantes españoles declara utilizar al menos semanalmente chatbots de IA para ayudarle a aprender, ocho puntos por encima del promedio de la OCDE. El 42% los emplea para realizar una primera investigación sobre un tema, el 40% para resumir textos que debe leer y el 33% para redactar trabajos. Solo el 8% afirma no utilizarlos nunca o casi nunca para ninguna de las tareas académicas analizadas, frente al 14% de la OCDE. El informe internacional insiste en que la relación entre utilización de inteligencia artificial y rendimiento es compleja y varía según la finalidad, la frecuencia y las competencias con las que se utilicen estas herramientas.
También aparecen señales relacionadas con la asistencia. El 34% de los estudiantes españoles declara haber faltado al menos un día completo de clase durante las dos semanas anteriores a la prueba, cuando la media de la OCDE es del 22%. Otro 34% reconoce haberse saltado alguna clase, frente al 24% internacional. En 2022 los porcentajes españoles eran del 28% y el 29%, respectivamente. La impuntualidad, por el contrario, presenta una comparación algo mejor: el 45% asegura haber llegado tarde alguna vez durante ese periodo frente al 50% de la OCDE, aunque también ha aumentado respecto al 40% registrado en España tres años antes.
El apoyo familiar es otro indicador que retrocede. En 2025, el 69% de los alumnos españoles afirma que sus padres o tutores les preguntan al menos una vez por semana qué han hecho en el colegio o instituto, frente al 77% de 2022. El porcentaje que mantiene semanalmente conversaciones con su familia sobre problemas relacionados con el centro baja del 60% al 50%. La OCDE señala que este descenso del apoyo familiar declarado se ha producido en la mayoría de los países participantes, por lo que tampoco constituye un fenómeno exclusivamente español.
Hay asimismo resultados más positivos en convivencia. El 14% de los estudiantes españoles afirma haber sufrido alguna forma de acoso escolar varias veces al mes o con mayor frecuencia, frente al 20% de media de la OCDE. El porcentaje es inferior al internacional, aunque ha aumentado desde 2022. En las clases de ciencias, el 74% señala que el profesor muestra interés por el aprendizaje de todos los alumnos, cinco puntos por encima de la OCDE. Sin embargo, el 39% declara que el ruido y el desorden dificultan la mayoría o todas las clases de ciencias, frente al 31% del promedio internacional.
Existe finalmente una advertencia metodológica especialmente relevante para interpretar los datos españoles. La proporción total de alumnos excluidos de la evaluación aumentó hasta el 7,9% en PISA 2025. La OCDE identifica especialmente a Cataluña, donde las exclusiones dentro de los centros pasaron del 5,6% en 2022 al 23,2% en 2025, y a Murcia, que pasó del 4,1% al 12,7%. La organización considera que los resultados generales de España siguen siendo comparables internacionalmente y con anteriores ediciones, pero no publica resultados separados para Cataluña y advierte de que niveles elevados de exclusión probablemente introducen un sesgo al alza en las puntuaciones. Es un matiz importante porque significa que el problema metodológico, en caso de afectar al resultado, tendería a mejorar y no a empeorar artificialmente la cifra obtenida.
PISA no ofrece una explicación única de por qué cambia el rendimiento de un país y tampoco debería interpretarse como una clasificación deportiva en la que unos sistemas simplemente ganan y otros pierden. Lo que sí permite es comprobar tendencias durante más de dos décadas utilizando una metodología común y comparar el resultado con información sobre el contexto en el que aprenden los estudiantes. En el caso español, PISA 2025 combina dos realidades que deben analizarse simultáneamente. España mantiene una capacidad relativamente elevada para reducir la influencia del origen socioeconómico y para evitar que una parte mayor de sus alumnos quede por debajo de los conocimientos básicos, pero presenta pocos estudiantes en los niveles de excelencia y obtiene resultados inferiores a la OCDE en las tres grandes competencias. La evolución de lectura y matemáticas respecto a 2022 y el aumento de estudiantes con bajo rendimiento respecto a 2015 muestran, además, que no estamos ante una diferencia puntual dentro de una única edición.
La pregunta que deja PISA 2025 no es simplemente en qué posición aparece España, sino qué está ocurriendo con competencias que condicionarán buena parte de lo que esos estudiantes podrán hacer después. Comprender un texto complejo, identificar información fiable, razonar matemáticamente o utilizar conocimiento científico para interpretar un problema son capacidades necesarias dentro y fuera del sistema educativo. Y en un entorno en el que acceder a información resulta cada vez más fácil gracias a buscadores, redes sociales e inteligencia artificial, la capacidad para comprenderla, contrastarla y utilizarla correctamente probablemente sea todavía más importante que cuando PISA comenzó a medirla hace veinticinco años.

