AfD: del euroescepticismo a segunda fuerza de Alemania y líder provisional en Sajonia-Anhalt
Alternative für Deutschland ha pasado en poco más de una década de quedarse fuera del Bundestag a lograr el 20,8 % en las elecciones federales de 2025 y alcanzar provisionalmente el 43,8 % en Sajonia-Anhalt. Su evolución combina nacionalismo, rechazo a una mayor integración europea, políticas restrictivas sobre inmigración y una creciente atención de las instituciones alemanas.
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Alternative für Deutschland (AfD) ha dejado de ser un partido marginal dentro de la política alemana. En poco más de una década, la formación ha pasado de quedarse fuera del Bundestag a convertirse en la segunda fuerza del Parlamento federal y a lograr resultados provisionales que la sitúan como primera opción en algunas regiones del país.
En las elecciones federales de septiembre de 2013, AfD obtuvo el 4,7 % de los votos, unas décimas por debajo de la barrera del 5 % necesaria para entrar en el Bundestag. Doce años después, en los comicios de febrero de 2025, alcanzó el 20,8 %, más de diez millones de votos y 152 de los 630 escaños del Parlamento alemán.
El resultado convirtió al partido en la segunda fuerza política nacional, solo por detrás del bloque formado por CDU y CSU. La evolución electoral volvió a quedar de manifiesto el 6 de septiembre de 2026, cuando AfD consiguió provisionalmente el 43,8 % de los segundos votos en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, una vez escrutados sus 2.661 distritos electorales. En 2021 había obtenido allí el 20,8 %.
Un partido nacido durante la crisis del euro
AfD nació en 2013 durante la crisis de la deuda y del euro. En su etapa inicial estuvo impulsada por economistas, académicos y sectores conservadores que rechazaban las políticas europeas de rescate financiero.
La Bundeszentrale für politische Bildung (bpb), la Agencia Federal para la Educación Cívica alemana, describió aquella primera formación como eurocrítica, económicamente liberal y liberal-conservadora. El nombre del partido respondía a la voluntad de cuestionar la idea, recurrente durante el Gobierno de Angela Merkel, de que determinadas decisiones europeas no tenían alternativa.
Sin embargo, la formación experimentó un desplazamiento ideológico a partir de 2014 y, especialmente, con la crisis migratoria de 2015. La crítica al euro perdió protagonismo frente a la inmigración, el asilo, la identidad nacional, el Islam y la seguridad.
Al mismo tiempo, dentro del partido ganaron peso las corrientes nacional-conservadoras, populistas de derechas y, según la clasificación empleada por la bpb, sectores de extrema derecha. Parte de los dirigentes vinculados a la etapa fundacional acabó abandonando la organización.
Soberanía nacional y rechazo a una Europa federal
La transformación de AfD también aparece en sus documentos oficiales. El partido rechaza expresamente la construcción de unos «Estados Unidos de Europa» y la conversión de la Unión Europea en un Estado federal.
Su programa defiende devolver competencias a los Estados nacionales y plantea una Europa basada principalmente en naciones soberanas. El objetivo declarado es una «Alemania soberana», con ámbitos como el bienestar, la seguridad jurídica y las políticas sociales bajo responsabilidad nacional.
Se trata, por tanto, de una concepción de la integración europea considerablemente más limitada que la defendida por los principales partidos alemanes. La posición de AfD no se limita a criticar decisiones concretas de Bruselas, sino que cuestiona una mayor cesión de competencias a las instituciones comunitarias.
Inmigración, asilo y el concepto de «remigración»
La inmigración ocupa actualmente un lugar central en el discurso de AfD. La formación propone endurecer las políticas de entrada, residencia, asilo y expulsión, y ha incorporado el concepto de «remigración».
En un documento aprobado por su dirección federal en enero de 2024, el partido define este término como las «medidas e incentivos» destinados al retorno, conforme a la ley, de extranjeros obligados a abandonar Alemania. El mismo documento afirma que AfD rechaza la expulsión arbitraria de extranjeros con derecho de residencia y la expulsión de ciudadanos alemanes de origen inmigrante.
Esta es la definición oficial del partido y debe diferenciarse de las declaraciones individuales de algunos de sus miembros y de las interpretaciones realizadas por instituciones alemanas sobre determinadas corrientes internas.
Identidad nacional, Islam y modelo familiar
El programa fundamental de AfD defiende una concepción fuertemente nacional de la sociedad y rechaza el multiculturalismo como modelo. En materia religiosa, el documento afirma que «el Islam no pertenece a Alemania».
El mismo texto reconoce que numerosos musulmanes moderados viven integrados, respetan las leyes y forman parte de la sociedad alemana. A partir de esa posición, el partido propone restringir la financiación extranjera de mezquitas, establecer controles sobre los imanes y prohibir determinadas prácticas.
La visión de la identidad alemana también se extiende a la política familiar y demográfica. AfD sitúa a la familia formada por padre, madre e hijos como modelo central, defiende políticas destinadas a aumentar la natalidad y relaciona la cuestión demográfica con la conservación de la identidad y de la población alemana.
En sus documentos oficiales, la formación sostiene que la inmigración no debe utilizarse como principal mecanismo para compensar el descenso de población y apuesta por una política natalista más intensa.
Una política exterior orientada a los intereses nacionales
La política exterior de AfD también se diferencia del consenso que ha dominado buena parte de la política alemana durante los últimos años. El partido reivindica una política exterior centrada prioritariamente en los intereses nacionales, rechaza la creación de un ejército europeo y considera que la OTAN debe concentrarse en su función de alianza defensiva.
Además, mantiene una posición más favorable a normalizar las relaciones con Moscú. Su programa fundamental defiende expresamente el fin de las sanciones contra Rusia y una mejora de las relaciones bilaterales.
Esta orientación se ha mantenido en documentos posteriores a la invasión rusa de Ucrania. En ellos, AfD reconoce el sufrimiento provocado por la invasión y sostiene que la solución debe buscarse mediante la diplomacia.
Una base electoral en expansión
La trayectoria electoral muestra cómo el partido amplió progresivamente su apoyo. Tras el 4,7 % de 2013, AfD obtuvo el 12,6 % en las elecciones federales de 2017, resultado que le permitió entrar por primera vez en el Bundestag.
En 2021 retrocedió al 10,3 %, pero alcanzó el 15,9 % en las elecciones europeas de 2024. Finalmente, en las federales de febrero de 2025 llegó al 20,8 % y ocupó 152 escaños.
Durante años, una parte importante de su crecimiento estuvo concentrada en el este de Alemania. En 2024 logró el 30,6 % en Sajonia, el 32,8 % en Turingia y el 29,2 % en Brandeburgo.
La diferencia entre el este y el oeste continúa siendo relevante, aunque los resultados más recientes apuntan a una expansión territorial. En marzo de 2026 AfD obtuvo un 18,8 % en Baden-Württemberg y un 19,5 % en Renania-Palatinado, con incrementos de 9,1 y 11,2 puntos, respectivamente, respecto a las elecciones anteriores.
La relación con la Oficina para la Protección de la Constitución
La relación de AfD con el Bundesamt für Verfassungsschutz (BfV), la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, ha atravesado varias fases y tiene una dimensión judicial todavía abierta.
El BfV comenzó a considerar al conjunto de AfD como un Verdachtsfall, aproximadamente «caso sospechoso» de extremismo de derechas, en febrero de 2021. El partido recurrió la decisión. El Tribunal Administrativo Superior de Renania del Norte-Westfalia confirmó en 2024 que existían fundamentos suficientes y, el 20 de mayo de 2025, el Tribunal Administrativo Federal rechazó admitir los recursos planteados por AfD. Las resoluciones anteriores adquirieron así firmeza.
Entre los argumentos aportados por el BfV figuraban las sospechas sobre una concepción étnico-cultural de la identidad nacional que podría excluir o atribuir un estatus inferior a determinados ciudadanos de origen inmigrante, así como indicios relacionados con la discriminación de musulmanes y otras posiciones contrarias al orden democrático.
En mayo de 2025, el BfV pasó a considerar al conjunto del partido una organización de extrema derecha confirmada, la categoría alemana de gesichert rechtsextremistische Bestrebung. AfD volvió a recurrir.
El 26 de febrero de 2026, el Tribunal Administrativo de Colonia dictó una medida cautelar que obliga al BfV a abstenerse de clasificar, observar o presentar públicamente a AfD bajo esa categoría superior hasta que finalice en primera instancia el procedimiento principal. La causa está identificada como 13 K 3895/25.
Por tanto, a septiembre de 2026 no es jurídicamente correcto presentar sin matices al conjunto de AfD como una organización oficialmente clasificada a nivel federal como «extremista de derechas confirmada». Sigue vigente la consideración anterior de Verdachtsfall, respaldada judicialmente, mientras la clasificación superior continúa sometida a un procedimiento abierto.
Un partido legal y con representación parlamentaria
La situación de AfD obliga a diferenciar entre la ideología que proclama el partido, las declaraciones o actuaciones de algunos dirigentes y las valoraciones jurídicas de los organismos de protección constitucional.
Que el BfV pueda observar a una formación como caso sospechoso no significa que esa formación esté prohibida. AfD continúa siendo un partido legal, concurre a las elecciones y cuenta con representación parlamentaria.
Su grupo en el Bundestag está presidido actualmente por Alice Weidel y Tino Chrupalla, que además fueron reelegidos como copresidentes federales del partido en julio de 2026.
La evolución de AfD muestra, en conjunto, una transformación profunda del sistema de partidos alemán. La formación que nació alrededor de la crisis del euro se ha convertido en una fuerza centrada en la soberanía nacional, la inmigración, la identidad cultural, la crítica al Islam, una visión conservadora de la familia, el rechazo a una mayor integración europea y una política exterior más favorable a restablecer relaciones con Rusia.
Sus resultados electorales indican que ya no puede interpretarse únicamente como un partido de protesta concentrado en el este del país. El 20,8 % de las elecciones federales de 2025, el crecimiento registrado en varios estados occidentales y el 43,8 % provisional de Sajonia-Anhalt muestran el alcance de un fenómeno político que continúa en evolución.

