El sector de las nuevas tecnologías es el caldo de cultivo ideal para la proliferación de los nuevos vendedores de humo. Subido en un cajón de madera, ante una multitud atónita y entregada, el vendedor de crece pelo del salvaje Oeste embelesa a las masas con su discurso, tan plagado de promesas como de mentiras.

El entorno es ideal, pueblos perdidos de la América profunda, con una audiencia formada en su mayoría por ciudadanos con pobres conocimientos, ávidos de descubrir nuevas maravillas. Entre todos ellos ¿quién podía tener conocimientos científicos para rebatir los argumentos de los nómadas que visitan su ciudad? Nadie. Para colmo, cuando el cliente se daba cuenta de que había malgastado su dinero, en un producto completamente inútil, era demasiado tarde. Ya hacía mucho que el vendedor de humo se había subido a su carromato, dirección a otro pueblo al que saquear sin escrúpulos, donde volvería a embelesar con sus ardiles a otros pobres incautos. El timo era perfecto.

Un ecosistema en evolución y constante cambio es el entorno idílico para estos vendedores de crece pelo del siglo XXI. Si me gustaría dejar clara una premisa. En todos los sectores existen profesionales, serios y eficientes, que desarrollan su trabajo de una forma honrada y eficiente. Pero dejando este grupo a un lado, me voy a centrar únicamente en el resto. Los cuales, desgraciadamente, por mi experiencia cada día abundan más.

Nacidos al albor de una crisis económica y de unas tasas de desempleo disparadas, los buscavidas han hecho de las nuevas tecnologías su entorno ideal. Seudo profesionales, que sin conocimientos, justifican la falta de resultados siempre a costas de terceros, con excusas fáciles e imposibles de demostrar y aprovechándose de clientes legos en la materia

Con los años he visto de todo. Desde un community manager incapaz de dar crear una página de empresa en Facebook, no digamos ya de  acceder a los informes y mucho menos interpretarlos.  A un coach de desarrollo profesional, que comparte en las redes sociales su situación de desempleado y la desesperación y frustración que sentía al mismo tiempo que se ofrecía para dar charlas motivacionales.

Community managers, como las setas en otoño

Setas
A partir de Facebook, y como las setas en otoño, empiezan a brotar los community managers. Hubo unos años en los que era suficiente con saber escribir una frase para auto proclamarse gurú de las redes sociales. Si a este sujeto, clásico espabilado buscavidas, sin más capacidad que la de embaucar, añadimos a un empresario sin conocimientos digitales, se junta el hambre con las ganas de comer. Es, cuando menos, gracioso participar en conversaciones cuando los responsables de empresas presumen de la cantidad de likes que han recibido en una publicación. Cuando les preguntas cuál es la finalidad de esos likes, si se pueden cambiar por euros o por clientes son pocas las veces en que tienen una respuesta coherente más allá del humo que les han vendido.

Entonces, ¿quiero decir que no sirven para nada los likes? En absoluto, tienen su utilidad. Por ejemplo, al lograr un engagement alto en una publicación, obtendremos un alcance mayor en nuestra próxima publicación. Pero para aprovecharlo como es debido, tenemos que tener una estrategia de contenido claramente definida.

Pero imaginemos que tenemos una zapatería. Y nuestro community manager, un iluminado que ha llegado en su carromato, publica un video de gatitos. Y es que ¿a quién no le gustan los videos de gatitos? Seguro que vamos a conseguir un montón de likes. Ahora bien, nuestros clientes no entenderán que hace un vídeo de este estilo en nuestra página corporativa. Perdemos seriedad. La imagen del negocio se ve dañada. Pero tenemos muchos likes y el community manager se sentirá orgulloso del trabajo que ha realizado.

El colmo es si el community manager tiene una afición personal o una tendencia, por ejemplo política, y se dedica a usar como altavoz la red social de nuestra empresa. Esto no solo puede perjudicar el branding de la compañía. Además brindar ofrecer una falsa percepción de resultados, ya que su circulo social si responderá positivamente a sus publicaciones, con comentarios, likes o compartiéndolas, pero esto no implica que nuestros clientes, nuestro público legitimo, tenga el más mínimo interés en dichas publicaciones. Afortunadamente, cada vez son menos las empresas que se dejan engañar por este tipo de mercachifles.

Consultores SEO

Los consultores SEO, son sin duda otro ejemplo de pillos que se han extendido como la gripe. La siglas SEO corresponden en inglés a Search Engine Optimization. La finalidad de estos profesionales es la de optimizar el contenido, la programación y otra serie de factores, para lograr que una página web se posicione de forma orgánica, es decir, sin pagar publicidad, lo más alto posible en los buscadores.

Tal ha sido su nivel de penetración y el daño que han hecho, que el propio Google ha tenido que publicar una serie de pautas para evitarlos y si fuera necesario denunciarlos ante las autoridades competentes, ya que no dejan de ser una estafa. Cuando hablo de los perjuicios, como en el caso de los community managers, no me refiero sólo al dinero que nos pueden cobrar, sino al daño que nos pueden ocasionar. Muchas de las técnicas que los SEO, siempre hablando de los que pertenecen al lado oscuro, no de los profesionales, recomendaban a sus clientes estaban descritas dentro de las prácticas prohibidas por Google y otros motores búsqueda.

Infringir las directrices de un buscador no sólo puede afectar negativamente al posicionamiento en el mismo sino que puede resultar en la exclusión de la página web de los resultados de búsqueda.

Pero, ¿el consultor SEO se responsabilizaba? En absoluto, como decía al principio siempre había un tercero a quien culpar. Casi siempre el buscador. Esa malvada criatura con un código secreto que ha cambiado el algoritmo a última hora de forma impredecible. Que mala suerte ha tenido el cliente que ha invertido un dinero y tiempo en algo que no le ha servido para nada.

Google en su página web “¿Necesitas un especialista en SEO?” habla sobre los peligros que encierra contratar estos servicios con la empresa equivocada y las consecuencias que puede acarrear.

Existen portales donde podemos comprar seguidores y likes por tan sólo un dolar

Bloggeros, youtubers o influencers son otros a los que se tiene que mirar con recelo. Como en los casos anteriores, existen profesionales con los que es muy interesante colaborar. Pero en otras ocasiones, veremos como muchos presumen de contar con miles o millones de seguidores. Como ocurre con los famosos, son muchos los que se dedican a “comprar” seguidores para incrementar sus estadísticas. Existen portales dedicados al comercio de seguidores en todas las redes sociales, donde por menos de cinco dolares se pueden adquirir miles de seguidores de golpe. Son famosas las llamadas granjas de fans, en su mayoría ubicadas en paises asiaticos, formadas por cientos de móviles cuya unica finalidad es crear cuentas y dar likes.

Esta es una practica penalizada por las plataformas, teniendo un alcance ridiculo, pero los clientes que contraten publicidad con un influencer, basándose únicamente en el número de seguidores, esto no lo saben. Tampoco saben que el resultado de la campaña será nulo, al no tener seguidores reales que se puedan terminar conviertiendo en clientes o compartiendo el contenido con otros contactos.

En resumen, evite contratar a cualquier persona que de forma espontánea le manda un email ofreciendo sus servicios. Especialmente si dicho “profesional” nos manda un email desde una cuenta de correo gratuita como gmail, yahoo o hotmail. En el caso de los communities pedir un plan de trabajo a largo plazo, detallado. Si queremos contratar un profesional SEO solicitar una descripción de las actuaciones que va acometer con nuestra marca. Si cualquiera pone cualquier traba, el descarte debería ser inmediato.

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